- Gran cantidad de niños y niñas participan de la Escuela del Kempes, con turnos mañana y tarde y propuestas recreativas y deportivas.
- Con grupos organizados por edades, actividades inclusivas y un equipo docente especializado, vuelve a consolidarse como uno de los espacios más elegidos por las familias.
La mañana en el Polo Deportivo Kempes comienza con una energía especial. Cerca de las 9 el movimiento se vuelve constante: mochilas en la espalda, toallas al hombro, gorritas de colores, protector solar y muchas ganas de empezar el día.
Los profes forman un “pasillo de bienvenida”, suena la música, hay aplausos, choques de manos y abrazos que tranquilizan a los más pequeños mientras los padres se despiden con ese beso rápido de “hasta luego”.
Este año, la Escuela de Verano del Polo Deportivo Kempes reúne a más de 300 niños y niñas, con alrededor de 150 asistentes por turno. Además, cerca de 70 participan en doble jornada, lo que habla de la confianza de las familias y del valor que tiene este espacio como lugar de encuentro, contención y diversión.


Los grupos están organizados por edades para que cada uno viva una experiencia acorde a su etapa. A esto se suma la participación de niños con discapacidad integrados en los grupos, garantizando una propuesta inclusiva, accesible y acompañada por profesores capacitados.
“Hubo una muy buena convocatoria de niños de 4 a 14 años. La idea es hacer mucho hincapié en la natación, junto a actividades recreativas y deportivas, utilizando los distintos espacios del Kempes como las canchas, los gimnasios y la pileta. Buscamos que disfruten, aprendan y se sientan cuidados”, cuenta Miguel Lo Presti, coordinador de la Escuela de Verano del Kempes, mientras observa a los grupos organizarse en cada posta.
Entre carreras, pelotas, deporte y risas que se escuchan desde cada sector del predio, llega el momento más esperado: el ingreso a la pileta. Allí el entusiasmo se multiplica, los profes acompañan cada actividad y la mañana encuentra su punto más alto entre unos buenos chapuzones, juegos y desafíos recreativos que invitan a motivarse con el deporte.


“Vengo desde los 7 años. Me gusta la hora de la pileta y los juegos. Aprendo a nadar cada año: el año pasado me enseñaron bien la brazada de crol y este año la respiración. Mis padres me felicitan y me dicen ‘¿dónde aprendiste a nadar así?’ y yo les digo ‘en la escuela de verano’”, cuenta Bernardo, de 12 años, mientras acomoda su toalla antes de seguir la jornada.
La Escuela de Verano del Kempes vuelve a consolidarse como uno de los espacios más elegidos por las familias, no solo por su infraestructura, sino también por el equipo de profesores que acompaña, cuida y motiva a los niños y niñas durante todo el verano.
Con propuestas deportivas, recreativas y acuáticas, el programa inició su primer ciclo de la temporada como un lugar de encuentro, disfrute y juego para los más chicos en todos los Centros Deportivos de la capital y el interior provincial: Escuelas de Verano 2025/2026.

