Gimnasia Rítmica: belleza, precisión y talento

Por primera vez, dos conjuntos completos de gimnasia rítmica del Kempes pueden clasificar a los Juegos Nacionales Evita.

Cada tarde, los pasillos, explanadas, canchas y gimnasios del Kempes se llenan de chicos que se acercan a los más variados deportes. Es un mundo nuevo para el que sólo piensa en el Estadio como un lugar donde se juega al fútbol, pero es real. Lo cierto es que no es así. Los natatorios funcionan a pleno, las pistas de atletismo y hasta los estacionamientos interno y externo se encuentran con movimientos fuera de lo esperable. La inmensidad de su infraestructura se llena de pequeños que buscan alegres a sus profesores para aprender un nuevo deporte, y gimnasia rítmica no es la excepción.

Las chicas de las categorías juveniles e infantiles han clasificado mediante el Córdoba Juega a las instancias nacionales que son los Evita. Para eso han trabajado mucho: entrenan de lunes a viernes más de 2 horas para poder estar a la altura.

Si bien este deporte siempre participa de los Juegos, esta vez la singularidad es que los dos equipos pertenecen a las escuelas deportivas del Kempes, la de rítmica en particular, que funciona desde el 2012.

Los dos conjuntos, cada uno con 5 chicas, conforman un solo grupo de 10 deportistas en dos categorías que son las juveniles e infantiles. El deporte es muy exigente, no sólo porque necesita buenos hábitos de conducta y una constancia a la hora del entrenamiento, sino porque su base radica en la danza clásica.

Llegar al Instituto Gutemberg es encontrar una explosión de color y un “hormiguero” de nenas con sus rodetes atados esperando ansiosas para pasar a mostrar aquello por lo que han estado trabajando tanto. Todas pendientes de su ropa, sus elementos, y hasta el maquillaje. Mientras tanto, también se buscan su lugar para corretear, jugar y charlar con sus compañeras de otras provincias, entre aros, cuerdas y cintas. Los jurados, serios e implacables, observan con atención todo lo que pasa, dentro y fuera del tapiz.

Mucha gente, silencio en las pruebas y festejos en los veredictos, a tan temprana edad; lo importante es vivir esta experiencia deportiva que tiene una finalidad que se destaca por encima de todas: divertirse.

La jornada finaliza, y los grupos están separados, uno en el hotel y las más pequeñas volviendo a descansar tras un largo día de actividades. El entusiasmo es grande, y hasta la abuela y familiares de una de ellas que vive en Mar del Plata, les hicieron el “aguante”. Parecían locales, aún a más de mil kilómetros de casa. La escuelita del Kempes se agranda, y esperan tener más deportistas para seguir creciendo. En ella, todos pueden practicar: sin distinción de clase, todas son bienvenidas.

Una de las profes, Eva, en el regreso al hotel les dice: “Chicas, acá nosotras venimos a aprender, el resultado es lo de menos. Estar acá compitiendo con 21 equipos no es lo mismo que con tres”. Las chicas sonríen, el resultado no importa: entendieron todo. Hay silencio. Miran hacia ningún lugar través del vidrio mojado, seguramente ven sus sueños un poquito más cerca.

 

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